Texto de culto y adolescente pletesía, producto de una lucha sin cuartel entre la desesperación y el ansia de eternidad, de perennidad a pesar de todo, la obra fragmentaria y misteriosa, de labra alquímica y don premonitorio, termina encallada en el proceso de su creación maldita y el mito de su alcance oculto, inasible. Enigma de la cultura, el sujeto que escribe fundamenta su mágica ensoñación, o pesadilla, a partir de la impotencia y la más absoluta de las imposibilidades. Adivina quien es porque no puede empezar su camino hacia lo trágico y lo callado, lo desconocido y lo porvenir, con la memoria estragada de logros pasados insignificantes. La modernidad que presiente en su pensamiento le impide la experimentación: reinventa lo tradicional entonces. La época, a la que no quiere desmentir ni negar ni falsear o exagerar con literarias argucias técnicas y entretenidos argumentos, le exige la invención del nuevo criterio y otra clase de omnisciencia en la narración. Su potestad radica en radiografiar el tuétano del mundo. Señala graves dolencias contemporáneas (...)
Abocado el grafómano enfermizo a una forma y un medio inevitables la introspección dirige lo imaginativo, corporeiza los más profundos temores y acicala una prosa inspirada con toda probabilidad en los abismos del asco físico, la náusea de ser y la profunda indecisión.
Los años acreditan tal vez sin saber esencialmente, (casi seguro: sólo con la anécdota, banalizando la vida y la obra del infausto sujeto), un legado que extraña por sincero y crucial, tan lejos del sentido común como de la rareza que universalmente se le supone. La incertidumbre es el mejor venero: salva de lo correcto y la frivolidad. La angustia es un engranaje diabólico que atenaza el espíritu de su insomne ingeniero hasta dejarlo hecho trizas. Así que este educado y gris empleado concluye en lo incomprensible de lo cotidiano y lo familiar, en lo solapado y fatídico del gracioso discurrir diario bajo el sol o la lluvia, el frío o el calor, la mañana o la tarde, mientras los colores se desvanecen o se muestran pujantes a la desnuda luz del mediodía. Es el constante fluir de una mente sin duda enferma por parajes tan inaccesibles como el meollo de la locura... Y esos recorridos sin retorno: de la vigilia al sueño sin tregua, del sueño a la vida. El análisis alcanza a lo más ínfimo, el minúsculo accidente del pensamiento atrona en el cuerpo desfallecido. El perdón será la muerte. Y así se traza el claroscuro cargado de males y sombras, la visión de la pesadilla terrible de un futuro siempre de guerras, irracional e inútil. (K. prevé la enormidad sangrienta del absurdo de su siglo, de los otros…)
miércoles, 20 de enero de 2010
Poéticas - J.M.V. De un puente a otro puente.

Una reflexión acerca de la dualidad (no siempre analizada con rigor) objeto/hecho artístico: hallamos aquí el manifiesto evidente de lo que en teorías vanguardistas constituiría la subjetividad del artista como valor incuestionable en tanto creador y valedor de la última apariencia y significación de la obra. Unas coartadas epistemológicas (a falta de una verdadera axiología, una teoría de los valores objetiva, en definitiva) que propiciarían cobertura estética a cualquier propuesta plástica y su grado mayor o menor de excentricidad, como, por ejemplo, reciclar la imagen de un repertorio ya consensuado de conocimiento y/o re-conocimiento y procesado intelectualmente desde antiguo y revelarlo de nuevo a un nivel metafórico o revestido de otra singularidad objetual (artística, como se aprecia en este caso …), aunque no debamos desestimar, a juicio del propio artista, otras alternativas de lectura visual: lo que vemos es sólo un puente, sólo una representación en pequeña dimensión de un puente.
Lo cual, lógicamente, aproxima la obra a la definición de una maqueta, más que a la esencia de la escultura.
martes, 19 de enero de 2010
El círculo (A.M. en Colliure)
La huida es el retorno, los encuentros inesperados de la memoria.
Ahí al lado del final está el mar luciente, la madre, el origen.
Anónimo, pobre y enfermo se halla no lejos de la patria,
ahora escombros, solar de muertos.
El corazón es la herida de siempre. También en el final
está la infancia. Las olas son las mismas que susurran
estos días azules,
este sol.
Ahí al lado del final está el mar luciente, la madre, el origen.
Anónimo, pobre y enfermo se halla no lejos de la patria,
ahora escombros, solar de muertos.
El corazón es la herida de siempre. También en el final
está la infancia. Las olas son las mismas que susurran
estos días azules,
este sol.
K. (II)
[Ese judío divertido y genial miente: quiere escapar de la vida con la falsa estratagema de la escritura... Agota el pensamiento en el pesimismo más radical. ¡Sin querer nos retrata la abyección de todo lo cotidiano, el absurdo de las épocas!]
El protocolo de la muerte, el placer de su ceremonia... (Se hablaba a sí mismo: de los colores, él diría, dorado, azul y negro; aunque...)
Ah, si el rojo es el más bello, el color más querido es el verde... ¡el blanco es para los imbéciles!, y el amarillo hostiga...
... Piensa en el invierno atroz de esta ciudad, en sus calles desiertas envueltas en la niebla y el frío de la piedra, en el silencio blanco de la nieve. El paseo retorcido y continuo, oblicuo, desconcertante, le conduce nuevamente al puente barroco... [El era la misma metáfora. ¡Qué tipo medieval escondido bajo la ropa moderna, el ridículo sombrero..., todos los melindres sacados a la luz!]
[G.B., que hablaba de parábolas. F. le secundaba en eso (...) Y D.G. relegaba cualquier texto, lo tachaba de superchería...: "Ese tipo enclaustrado y quejica, ese espíritu bochornoso, ¿a qué ha de influir todavía?"]
El protocolo de la muerte, el placer de su ceremonia... (Se hablaba a sí mismo: de los colores, él diría, dorado, azul y negro; aunque...)
Ah, si el rojo es el más bello, el color más querido es el verde... ¡el blanco es para los imbéciles!, y el amarillo hostiga...
... Piensa en el invierno atroz de esta ciudad, en sus calles desiertas envueltas en la niebla y el frío de la piedra, en el silencio blanco de la nieve. El paseo retorcido y continuo, oblicuo, desconcertante, le conduce nuevamente al puente barroco... [El era la misma metáfora. ¡Qué tipo medieval escondido bajo la ropa moderna, el ridículo sombrero..., todos los melindres sacados a la luz!]
[G.B., que hablaba de parábolas. F. le secundaba en eso (...) Y D.G. relegaba cualquier texto, lo tachaba de superchería...: "Ese tipo enclaustrado y quejica, ese espíritu bochornoso, ¿a qué ha de influir todavía?"]
Poéticas - J.M.V. (3)

A lo largo de su camino la escultura de vanguardia iría agregando nuevas formulaciones y planteamientos plásticos que se escudarían en aquellas incipientes teorías de un arte escultórico que, lejos de asentarse en las formas tradicionales, escudriñaría el posibilismo expresivo desde vocabularios plásticos que hacen de la masa y su estudiada textura, del material de opción, no algo metafísico, sino algo concreto y adherente a la intencionalidad más palpable de sus propiedades matéricas, incluso coadyuvante de las luces y sombras que se adjudica ya insertado en la skene, en la exposición propiamente dicha bajo las luces cegadoras de los focos de 100 vatios…
domingo, 17 de enero de 2010
Poéticas - M.M.M. (2)

Las justificaciones teóricas posteriores que aclaran o exoneran una obra artística en un desarrollo evolutivo (las diferentes etapas de creación a lo largo del tiempo), carece de sentido en un arte contemporáneo que apela a la multidiversidad polisémica para su plena justificación formal, sintáctica o conceptual. La evolución en un gran artista siempre se hace patente. La libertad del artista conlleva necesariamente la libertad de terceros, hasta su credulidad, en relación a ponderar una sabiduría plástica (la del artista) que no precisa de encorsetamientos ni la referencia convencional para manifestarse desde el conocimiento, la reflexión y la propia ejecución procesual de la obra de arte. G. ya anunciaba que el arte no progresa (al menos desde el punto de vista a como lo hace la ciencia), sólo terminan haciéndolo los artistas. Las fases de un creador, las etapas de su derrotero, serían así el abecedario visible, la tinta simpática, de una plástica honesta, su misma coartada artística en una pluralidad pictórica o escultórica de ejemplos cada vez más más efímeros y estériles.
Sonata 21 (1)
Ahora, en el solsticio de verano, tendría que arrancar matas al amanecer..., para que florezcan en lo más crudo del invierno, en el nadal blanco, serán flores de color amarillo, malva..., que encenderán la bruma de la mañana todavía incipiente.
(Franz Schubert burla su decepción... siempre. Es tan fácil... Sus corcheas trazan una ansiedad o la fatiga y simulan un canto, engañan nuestra emoción; un batallón de gatos invade el pentagrama: son divertidos, jocosos, aunque parecen salir de la noche más profunda.)
Fue... ¿D.G.? ¿C.J.? En cualquier caso, me hablaron mucho de los sonidos del piano: "Como una perfecta y severa máquina de escribir donde pulsar la zozobra o el alma exaltada." Y luego estuvo J... y un tal (sic). Todos acordaban lo mismo: se lanza sobre el teclado e improvisa, malo, bueno, regular... ¿Celebra... o blasfema? Se cuenta cosas: F.S. pensaba muy poco en sí mismo.
[Este hermano... de nadie... ¡hacer de su extravío... una reflexión, un arma arrojadiza...!]
Existe... Los demás tendrían que ser como estatuas, bellas o deformes, pero calladas... silentes figuras de piedra..., retratos de una rigurosa quietud, mudos estropicios de gesto glorioso, inmóvil en el tiempo... un dibujo que ya no ha de variar, bien enmarcado con passe-partout y madera de oro, una mueca eterna colgada en todos los museos. No mancillarían así la nobleza de un apellido, algún tipo de supuesta alcurnia. [La música se enfrenta a una estética común: ¿qué representa salvo...?]
Cantor desde los once años... Soprano hasta los quince... Bohemio y descuidado, se derrumba sobre la cama y amanece con los lentes debajo de la almohada.
... Este hombre inacabado... Y al paso de los años, ¡cuántas tardes pasará bebiendo el vino suave y leve del país mientras ve teñirse el cielo de rojo, añil y violeta... aún no aterrado por la idea de la muerte! Se sepultaba en las tabernas. La armaba: éste no puede poner fin a esa algarabía de notas que pugna en el interior de su cerebro jovial y escandaloso.
¿Qué música le embriaga cuando camina por la vereda al borde del agua, entre los grandes árboles y la verde floresta...? ¿Que no lo confundirá todo su mirada miope...?
(Errabundo hasta la muerte.)
(Franz Schubert burla su decepción... siempre. Es tan fácil... Sus corcheas trazan una ansiedad o la fatiga y simulan un canto, engañan nuestra emoción; un batallón de gatos invade el pentagrama: son divertidos, jocosos, aunque parecen salir de la noche más profunda.)
Fue... ¿D.G.? ¿C.J.? En cualquier caso, me hablaron mucho de los sonidos del piano: "Como una perfecta y severa máquina de escribir donde pulsar la zozobra o el alma exaltada." Y luego estuvo J... y un tal (sic). Todos acordaban lo mismo: se lanza sobre el teclado e improvisa, malo, bueno, regular... ¿Celebra... o blasfema? Se cuenta cosas: F.S. pensaba muy poco en sí mismo.
[Este hermano... de nadie... ¡hacer de su extravío... una reflexión, un arma arrojadiza...!]
Existe... Los demás tendrían que ser como estatuas, bellas o deformes, pero calladas... silentes figuras de piedra..., retratos de una rigurosa quietud, mudos estropicios de gesto glorioso, inmóvil en el tiempo... un dibujo que ya no ha de variar, bien enmarcado con passe-partout y madera de oro, una mueca eterna colgada en todos los museos. No mancillarían así la nobleza de un apellido, algún tipo de supuesta alcurnia. [La música se enfrenta a una estética común: ¿qué representa salvo...?]
Cantor desde los once años... Soprano hasta los quince... Bohemio y descuidado, se derrumba sobre la cama y amanece con los lentes debajo de la almohada.
... Este hombre inacabado... Y al paso de los años, ¡cuántas tardes pasará bebiendo el vino suave y leve del país mientras ve teñirse el cielo de rojo, añil y violeta... aún no aterrado por la idea de la muerte! Se sepultaba en las tabernas. La armaba: éste no puede poner fin a esa algarabía de notas que pugna en el interior de su cerebro jovial y escandaloso.
¿Qué música le embriaga cuando camina por la vereda al borde del agua, entre los grandes árboles y la verde floresta...? ¿Que no lo confundirá todo su mirada miope...?
(Errabundo hasta la muerte.)
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