jueves, 5 de septiembre de 2013

HESSE 119


Lo fundacional, lo prístino, el origen ineludible que con tan poca misericordia te condenaba a un castigo inmerecido y fatal, gratuito, sin la protección de ningún dios: cristalizan finalmente en un raro e inclasificable temor, en esa angustia agazapada tras la sonrisa y el saludo social que te hace ser más valiente que todos los demás.
Con el diagnóstico estrujado en la mano: “Si vuelvo a la rutina me salvaré, nada pasará si me acojo a la segura disciplina de los hechos diarios, si no varío la conducta seguida hasta hoy… Debo seguir existiendo como si nada, como aquella que yo era lejos de este maldito presente, con el mismo sol, el mismo aburrimiento, la misma indiferencia, la misma insolencia contra los sucesos y servidumbres de la existencia…”
“El diagnóstico es…” Yo creía que entonces acababa todo… Sólo empezaba.
Plasmó la raya, el punto: señalaban el vacío alrededor; haiku.
El título indica nada más que un estado de ánimo: no debe aclarar nada de cuando entonces.
Lo más importante de aquel año fue una noche de junio que olía a limón (dijo el falso poeta: junio y limón son muy poca cosa realmente).
Lectura última, pues murió, y la mano exangüe dejó caer el libro abierto: ... vi como estaba el búho/sobre una roca… (Del diario de V…)
Un millón de dioses, un millón de universos; cada uno con su obra de arte a cuestas, una forma antropomórfica, biomórfica, un color del cielo, una luna distinta…
Nada pronosticaba mi mal. Todo pronosticaba mi mal.
“Hay cadencia en esa obra”, dijo, y me sorprendió gratamente esa palabra, esa autoridad en el ritmo del proceso creativo… No, sólo hay límites, el vacío.
“Hablo siempre a solas conmigo mismo.”
“No comparto sus respuestas, pero me fascinan sus preguntas.”
¿Qué importancia puede tener el futuro si ya tenemos el presente? Podía haber hecho de él La Tierra Prometida o El Paraíso Perdido…, pero ¿no lo hice así? El destino era la infancia; luego… todo son exequias.
Hablando de artistas, hablando de Nueva York, braceando con ellos en las calles “hay una hostilidad rara –acaso sólo sea recelo en la dura competividad diaria- en los ojos fugitivos y secos de la gente –y yo soy la gente-, como si todavía estuviésemos divididos a uno y otro lado del Fuerte Sumter, con la boca abierta y los caninos dispuestos”.
El blanco asusta hasta a los elefantes: que te baste el espacio, a solas, y ocúpalo entonces.
Lo pensé. Pero no lo dije:
lo que es interpretable siempre es una copia de algo: repele lo que yo entiendo por arte plástico.
En la era de los dinosaurios con gafas de concha y pipa de humeante cazoleta en la boca, tendida en el diván, las calladas cortinas que cubren la ventana… La vida está llena de dolor y desdicha, y acaba de una forma horripilante: se destruye a sí misma.
¿Cómo tener apego a lo efímero?
Tendrá, pues, que disimular.
¿Me servirá de algo la práctica del arte?
Inténtelo. Cualquier cosa puede servir. (Incluso los dioses vengadores, incluso el humor.)
“Yo he visto el mundo del revés en Central Park, en The Lake.”
Si el otoño es cálido...
Las cosas, el suceso y la trama, pasan en el lenguaje.

lunes, 2 de septiembre de 2013

HESSE 118


No es el discurso: es la forma: antes de la mostración de su incongruencia posterior (la segunda, por así decirlo), las piezas se hallan dispersas en un desorden que tiene bastante de discurso por sí mismo: armar la disgregación, unirla mediantes nexos invisibles y ataduras ilegibles y gramáticas indemostrables es la tarea que culmina en otra dispersión tan desordenada y aleatoria como aquella, pero ahora deliberada, consciente, mayestática por la intencionalidad que animaba durante su ejecución. 
Se olía por dentro, como si al respirar una bocanada de aire y luego de unos instantes expulsarlo le subiese por la tráquea una insidiosa emanación a podrido.
Exposición de…
-No voy a pedir tu opinión-, dijo excitado el gran artista del momento al verla entrar por la puerta acristalada, opinión-que-esperaba-no-obstante para poder anotarla en su carnet de baile (¡una más que celebrar!).
-¿De qué serviría?-, le contesté conteniendo la risa.
Me retiró el saludo de por vida (la de los dos consumiéndose ensoñadora en el pequeño mundo neoyorquino comprendido entre Bowery y Mulberry).
Pero él, como artista, era semejante a uno de esos tipos que cualquier cosa que compren adquiere en sus manos la calidad de rancio y antiguo al cabo de unos pocos minutos.
“Su obra es un arte de segunda mano, querida”, le descerrajó en plena frente con su palabra-bala a la vez que escondía el talonario de cheques en lo más profundo del bolso de piel de serpiente de Cartier, o de Gucci, o de…
“Arreglaremos un poco las costuras, acortaremos aquí y allá: le vendrá que ni pintado.”
Y El Otro: más que oírle me distraigo viendo las palabras viscosas que se derraman de la boca de gruesos labios como la sólida baba de un helado tibio echado a perder.
He de ser muy ambiciosa en mi obra, puesto que dudo mucho más allá de lo razonable.
Ojos de simio/humano: mirada engañosa, hipócrita, falaz.
Los ojos malhumorados del pájaro…
Una talla/símbolo efectiva, legible, con un poco de oficio y buena voluntad para crear algo tan reconocible como una pieza de ajedrez Stauton: algo tan entendible pero tan diabólicamente inagotable en el recorrido de su peripecia, un diseño imperioso.
En Nassau Street:L “¿Qué haces aquí?”, preguntó extrañadísimo. “Sólo quería sentirme como una desconocida, investigar nuevas costumbres”, pensé, pero le dije: “Vamos a tomar un café.”
“Sé oscura”, dijo el Oráculo:
y entre lo mitológico, lo bíblico y lo ontológico, elegí esto último sin ocultar una sonrisa de suficiencia.
Cultura primitiva: cada 50 años destruían todo lo artístico o artesano que se había acumulado durante ese tiempo: porque nada que no sea nuevo es digno de admiración.
Caligrafía (una pincelada es un verso): en Van Gogh: sollozos o aullidos; en todo caso, pinta rabioso (en el mejor sentido de la expresión).
No va nada pintada: y es bonita; No está nada pintado: y es un cuadro hermoso.
Laocoonte: ejemplo de la obra saturnina que se erige por encima de su creador (conceptos invertidos): hoy en día es el artista lo importante, puesto que se halla muy por encima de su obra, buena o mala: compran al artista, a esa figura y nombre públicos, y  no su trabajo: “Tengo un picasso.” “Dudaba entre un rothko y un duchamp.” “Me hice con un gorky.” Y en aquel entonces… ¿Quién sabe en la actualidad los nombres de Agesandro, de Rodas, Atanadoro, hijo de Agesandro, Polidoro, griego sublime… Sólo el Renacimiento establece la equiparación… Tal vez antes, cuando los maestros del gótico. 
-Miras hacia dentro, como Nietzsche -lo dijo como un insulto-, porque los artistas a pesar de todo nacemos (?) de la realidad exterior.
“Soy inocente, nunca he firmado ninguna de mis obras”, afirmó a punto de la carcajada.

miércoles, 21 de agosto de 2013

HESSE 117


El espacio como lienzo donde se pinta, la tabla primitiva que sostiene los milagros y dorados del pigmento… El espacio también como la piedra que se talla.
La bellísima esquina del Flatiron: su arquitecto suicida: vértice/vértigo.
“Voy a morir”, me digo, y pienso en el libro que no leeré, las noches de luna llena que han de sobrevivirme, las nuevas melodías del verano que susurran en la brisa perfumada del atardecer… (por la oscura ventana abierta: una baladA indescifrable).
(Chesterton, cuando intentaban inquietarle con un probable fin del mundo: “¿Por qué razón he de preocuparme por ello? El fin del mundo ya ha ocurrido muchas veces.”)
El arte es lo espiritual; es decir, las preguntas sin respuesta, lo irracional, lo oscuro, lo que está más allá de lo visible: exige la fe.
Sade: lo pornográfico no está en el relato sino en el añadido filosófico.
Pornografía del pensamiento
Somos miles, reconoció con el pincel en la mano (¡y no lejos del… ¡caballete!): miles… en esta feria de las vanidades que más que un acerbo Thackeray, un irónico Cervantes o un esclarecido y tajante Shakespeare ha de toparse más tarde o más temprano con la carcajada ecuménica y circense de un obsceno Rabelais cronista de su desmesura.
Me valgo de un lenguaje que necesariamente se desvanece en la plástica que apuntala… como el lenguaje que crea la poesía, que la revela y él termina desapareciendo como una madre sacrificada y efímera que muere en el alumbramiento.
K.A.P.: No soy lo suficientemente judía, ni lo bastante puritana, para creer que los pecados del padre y/o de la madre condenan a su generación.
The Leaning Tower and Other Stories.
(Reseña de Edmund Wilson en el New Yorker de setiembre del 44: a esta mujer no se la puede interpretar según ninguna de las fórmulas conocidas…”).
The Leaning...: el desconcierto del artista, una Alemania hacia lo grotesco pero también dirigida a lo criminal.
La Torre de Pisa, que hace de la decorosa ruina la mejor llamada para su contemplación.
¿De qué modelo partimos?
1900: ¿De la muñeca Pandora?
Parto de lo humano.
Parto del espíritu.
2000: Adiós al modelo 90-60-90.
Altas, desgarbadas, huesudas, (cuello estrecho, cintura estrecha, tobillos estrechos), salvadas in extremis de Bergen-Belsen, vomitadas del mundo real, anoxéricas, con mal aliento a causa de las huelgas de hambre, ojos muertos, la expresión vacía… ¡Disfrazadas, acechadas, desechadas, maltrechas, asquerosas!
Nuevos estandartes de lo bello.
Tiene que ser breve, exigió. Existen las obras de arte breves. No más de siete segundos de observación.
De la imaginación nace el lenguaje, siempre posterior.
Viaje en metro: los que leen, los que miran al vacío, o adentro de sí (adonde quizás sea mayor el desierto), los que cierran los ojos…
Cojo el metro en la 103 hasta Canal (noviembre, lunes, lluvioso, de vuelta a casa pasada la media tarde, olor a ropa mojada, al aire y aliento densos y metálicos de la gente anónima y viajera al país-de-nunca–jamás-triunfarás):
pasajeros que viajan (que huyen de ojos enemigos: cansados, hastiados, muertos, y si vivos, hostiles) a través de Dickinson, Sports Illustrated, Hunter, F.B.I.’s Stories, Malamud, Village Voice, Hemingway, The New York Times, Frost, Kafka, Cain, Daily News, Susan, Batman, Mailer, Blondie, Dante, una biografía de Lincoln, Sports Illustrated (2), Updike, Sex, Fleming, The New York Times (2), Wouk, Detective, Goodis, Daily News (2), Hemingway (2), Parker, Superman, la Biblia, una biografía de JFK, Uris, Hágalo usted mismo, Stanley-Gardner, Zola, Girls!, Daily News (3), Ambler, Shakespeare, Waltari, Life, Robbins, Daily News (4), Whitman, Sports Illustrated (3), la Biblia (2)…
En el exterior, sigue lloviendo con fuerza. Corro a zancadas hasta el “refugio del estudio”, como una niña chapoteando en los charcos junto a los bordillos, deseosa del claustro.
De repente se escucha el tintineo de las campanillas que cuelgan sobre la puerta de la entrada de mi estudio: todos los fantasmas… ¡de adentro! comienzan a salir por el hueco abierto. Cesa el sonido: aún quedan tras la puerta cerrada un buen puñado de ellos, y acaso los más burlones y atrevidos.
Lo mejor de lo que escribe lo guarda para sí: lo destruye. (Pero le ha dado vida, lo ha hecho existir¡era posible! ¡y él lo ha hecho!).
Las ideas (o la intuición) en el estudio: no hacerlas visibles, pues son diálogos con una misma, miedos, rarezas, desafíos… O los escombros, las sobras, la punta del iceberg que se ve.
-Sólo es un verso. Puro sonido.
-Pero…
-¿Para qué más?
Criptografías. También, enunciado. Es suficiente.
De pequeña (gritándole a Helen): “¡Claro que me gustaría estar muerta…! Pero, ¿cómo se vuelve después?”
Cualquier cosa podría ser de un color distinto al que muestra bajo la luz.
(¡Pero ningún rojo es igual a otro rojo!)
La forma (por innúmera) es sagrada.
El recuerdo entre la espesura viscosa del cerebro:
jueves, 26 de noviembre de 1964: frente al hombre terrible, los ojos esperanzados que, a veces, parecen suplicar ayuda, y, otras veces, demandar tu complicidad absoluta con el pecado del orgullo y en todo momento los tremendos paisajes de su alma: Vincent van Gogh, amarillo y colérico.
Toda obra es interior: ves por una ventana.
Los buenos sentimientos, el propósito ecuménico de hacer el bien, de ser el bien: aún estamos a tiempo, afirmaba el encantador de serpientes, todavía mueren muchos más seres humanos pacíficamente en sus camas que a causa de los desastres de la guerra…
Pues a la desmesura…:
“Mi arte demanda el principio antrópico: existe porque será observado, y a esa contemplación debe su inexcusable existencia: en el mismo instante de su creación requería tus ojos.”

martes, 2 de julio de 2013

HESSE 116

Eres gruta. Una cueva donde la oscuridad y el agua conforman una tela de araña precisa y vigorosa para el pensamiento, la geometría de la negritud con todas sus consecuencias: todo un laberinto telúrico de perversidades, la divagación, la locura, hasta el crimen formal, la libertad máxima sin el miedo a lo punitivo, ser como actúa el más perfecto animal de presa libre de la traba de la conciencia, ser tan inocente o destructivo como el aire, la catástrofe natural del fuego que no tiene culpa.
Procedes de la caverna, y allí te encuentras muy a gusto, replegada entre las sombras, desafiante a todos los monstruos de la razón, desdeñosa de un cuerpo que sólo merece que lo desestructures una y mil veces con la imaginación, que lo desfigures, que lo trocees y lo sometas a incontables variaciones.
Ese interior donde huele a tierra, a piedra, a agua, eres tú misma, el punto panóptico: ahí te edificas y desde él contemplas la riqueza o el desierto bíblicos, la visión estereoscópica que afianza la realidad por el mismo desmentido subjetivo y descarado con que la desfiguras, ahí adentro te alzas como una arquitectura, como una ciudad, que sólo exige su certificación exterior cuando, cansada de ti misma, la proyectas a la luz de afuera.
Y de nuevo antes de cerrar los ojos y sobrevenga el sueño anegante como un agua sucia: un beckett pianista que buscara la más armoniosa de las cadencias entre dos líneas.
Suplantas un color, pongamos el azul, por una forma…
Combinar esa forma (ahora es forma) con otro color.
Al final, el objeto, la materia.
Todo nuevo material te obliga a pensar todo de nuevo.
Consulto con…
Conversación con…
Una vez puesta en el papel la idea de la obra… ¿no debería bastar?
X. me deja sobre la mesa la página casi desgarrada de un bloc donde ha copiado de su puño y letra un poema corto de Wallace Stevens, “los más señalados enigmas que tú, especialmente tú puedes encontrar en este poeta (al estilo de Mallarmé)”. Me dan ganas de contestarle por carta (¡qué formalidad!): “¡No, no es eso, no es eso!”)
Lo que hago, lo que reflexiono, aún son los rescoldos de las “agendas alemanas”.
Los esquemas y bocetos del 65/66: me dije que debería crear un diccionario de “estímulos gráficos”.
El problema de las escalas. Sueño la dimensión real: me asusto. Los pequeño bocetos son “inofensivos” a pesar de todo. Cuando ya en la galería, a los ojos de todo el mundo, adquieren su verdadero tamaño parecen… ofender. El desafío calculado (tal vez) se transforma en afrenta
¿En qué momento se da la versión definitiva…? ¿Qué ultima la obra?
Conversación con el cantero. Menciona a Miguel Ángel.
Dibujo: apenas la idea; en 3D, todo cambiante. El aire: papel: cuelga.
De nuevo Miguel Ángel: los canteros.
El cielo terrible de agosto de Carrara.
La escultura es un trabajo sucio. Imagina los carros cargados de bloques desgajados de la roca de la montaña tirados por bueyes, el polvo del camino, los gritos y el sudor de los hombres con la piel quemada por el sol, el cansancio, el aire blanco.
Los títulos (evitarlos de larga extensión, pero hacerlos oscuros).
La alusión mitológica, acaso inadvertida (lo preferible).
No puede ser moderna si trabaja con materiales antiguos.
Viernes: no leo ni una página del libro prestado por… (lo devolveré sin abrirlo: fue él quien lo sugirió.
En Times Square: una niña me mira fijamente. Una hora después descubro quien es: no puedo volver sobre mis pasos y manosear mi infancia. ¿Qué hacía sola allí, entre toda esa gente apresurada y el peligro acechante del tráfico por todos los lados?
Donde se esconden los monstruos, dragones humeantes.
Por la tarde: c./7u.
Inútil pensar en nada claro cuando llovizna tenaz, ininterrumpidamente: en realidad, entonces sólo me veo a mí misma, viendo lo que pienso, ajena al exterior, al mundo.
Conting.: podría ser cualquier otra cosa.
Hizo un largo viaje, cruzó un océano… sólo para comprobar a su regreso que se había quedado esperándola en su lugar de origen.
Hist. de los judíos (historia de lo judío).
La muerte de la madre “contra la tierra”.
La “intrusa”/túneles.
Una vida en capítulos. “Estoy en el IV” (por ejemplo). Prosigo por el VIII. Retrocede al II… ¿A quién se la dedico?
Resinas: no es tanto lo que utilizo como lo que he dejado de utilizar.
Est. el bestiario humano de una tal Arbus. No te reconoces en ellos, pero en el sufrimiento de su diferencia. Aunque, ¿ellos, los patéticos retratados, lo creen de ese modo?
Ahora, ya en el paseo semanal hasta el hospital de Nueva York, todos los días son “el buen día”.
No, yo no deseo transformar la realidad (¿para qué?), basta que le adjunte (o le “estampe”) mis ocurrencias expresivas: forman parte de ella.
¿No es ello un ejemplo de humildad?
(X. pensaba en la celada, en las arenas movedizas que sostenían falazmente la afirmación de la artista, como dicha al desgaire, a vuela pluma de una conversación cuyos arranques y parones, arbitrariedades y desviaciones eran producto de la provisión inagotable de vino blanco. Todo son trampas cuando las lenguas se desatan e ignoran la contención. Bebíamos en copas de oro, doradas eran las tardes de septiembre, y dorada era nuestra juventud.
Puso la cara seria, de buena chica, y desviaba la vista para no echarse a reír.)
Las fotos de…
En attendant Godot: revisar pasaje pág. 64-65. Edit. M.
-No viene nadie. No pasa nadie. Nadie se va. Es terrible.
-Dígale que piense.
-Dele su sombrero.
-¿Su sombrero?
-No puede pensar sin sombrero.
G.: “Claro que llego a todos los sitios… ¡Son los lugares los que no coinciden conmigo!”
“Le estábamos esperando.Pase.”
(Y le cierran la puerta en sus narices.)
¿Cómo se escribe con una estilográfica Blackbird, señor Saposcat?

miércoles, 26 de junio de 2013

HESSE 115


Sueño: la niña perdida que no cesa de comer pan de la mano de Quentin. Él levanta (con un palo) la faldita andrajosa: es mi cuerpo, soy yo… enferma.

¿Mejor muerta que…?
Las manos hacia dentro
la cabeza alzada a lo alto
la boca abierta
las babas que se deslizan por la mandíbula
los solo gruñidos
el lamento que se prolonga hasta la impotencia
la mirada ausente o enojada
la inmovilidad cruel y fatal
la infinita vulnerabilidad
¿mejor muerta…?
¡¡No, no, mil veces no!!
Siquiera los ojos abiertos… a cualquier cosa… ¡menos a la nada!

Ahora ya no anotaba nada, la chica que todo lo apuntaba. Ninguna lista complacía sus ratos de aprendizaje intelectual, ninguna rememoración falsificaba las horas de ansiedad y espera. ¿Para qué seguir? (¿Pero no había que seguir hasta el final?). Lo que había leído, los libros que quería comprar y anhelaba leer, las personas estimables que conocía, los amigos, los títulos de las obras futuras, los edificios que le fascinaban, las calles que la seducían, las citas, los proverbios… Las ciudades que había visitado, los países a los que viajó, los personajes de leyenda, las reflexiones a la caída de la tarde, las ocurrencias del insomnio, los pensamientos fértiles del amanecer, los sucesos memorables, la noche secreta, los días, los placeres…
Picasso.
Duchamp.
Calder.
Gorky.
Pollock.
Noguchi.
De Kooning.
El lunes 15 de junio de 1964 lee Herself Surprised, de Joyce Cary.
El miércoles 17 de ese mismo mes The Unbearable Bassington, de Saki.
El día 20, sábado, empieza y acaba The Good Soldier, de Ford Maddox Ford.
El 23 de junio, comienza Clock Without Hands, de Carson McCullers.
El 25, The Bird’s Nest, de Shirley Jackson.
El 3 de julio, The Lottery, de Shirley Jackson.
El 15 de julio, Hangsaman, de Shirley Jackson.
El 16 de julio empieza Ship of Fools, de Katherine Ann Porter. (La acabará el sábado 25 de julio.)
A partir del lunes 27 de julio de 1964 decide leer:
Hauting of Hill House, de Shirley Jackson;
Flowering Judas, de Katherine Ann Porter;
Pale Horse, Pale Rider, de Katherine Ann Porter;
Lucky Jim, de Kingsley Amis;
Vodi, de John Braine;
Adrift in Soho, de Colin Wilson;
Absalom, Absalom, de William Faulkner;
My Life and my Loves, de Frank Harris;
The Group, de Mary McCarthy;
Le deuxième sexe, de Simone de Beauvoir;
Chocolates for Breakfaat, de Pamela Moore:
Goodbye  Columbus, de Phillip Roth;
Tender is the Night, de F.S. Fitzgerald;
Pudd’nhead Wilson, de Mark Twain;
Giovanni’s Room, de James Baldwin…
16 de junio de 1964: trabajo estudio;
18 de junio de 1964: trabajo estudio;
19 de junio de 1964: trabajo estudio;
20 de junio de 1964: trabajo estudio…
14 de julio de 1964: calor;
15 de julio de 1964: calor;
16 de julio de 1964: calor…
22 de julio de 1964, miércoles: período;
19 de agosto de 1964, miércoles: período;
17 de septiembre de 1964, jueves: período;
14 de octubre de 1964, miércoles: período…

La repugnancia de verme reflejada en cualquier otra artista, en sus actos, en su vida social o artística, en sus explicaciones ociosas y estúpidas intentando defender (o cobardemente justificar) sus obras… Nada hay que me desazone más que ese espejo que me enfrenta a mí misma, mi vulgaridad después de todo al comprender mi pertenencia a un grupo que balbucea exactamente igual que yo, con los mismos complejos, las mismas ambiciones, el mismo desequilibrio interior: la sencillez de la vida cotidiana (la ventana abierta, los árboles de junio, la taza de café a media tarde, el libro sobre la silla que está esperándote, la cena con el amigo “sin problemas”, el cobro de un cheque en la oficina bancaria, el lento riego que viertes sobre las glicinas…) opuesta a la complicación de una porfía que acaso sea de balde, carente incluso de la gracia de lo fútil, resuelta en una soledad soberbia y tan inútil en el fondo como las empresas de Sísifo o la oscura y oculta ocupación de Atlante. Peor aún: porque ser artista ni es un castigo ni una condena… ¡es una elección ridícula si una se pone a pensarlo!
Te hallas en el lugar donde la bondad no existe. Fue carcomiéndose hasta que se desvaneció en el polvo del suelo. La rivalidad callada pero latente, hostil y acuciante de todo lo visible hacia tu forma exterior y tus obras no permitirán en ningún instante el armisticio espiritual: el mundo te conmina al duelo, a un enfrentamiento definitivo e insoslayable… (porque tú sí eres diferente en tu agujero mental).
Jamás te traicionas, nunca te expones (¿a qué?, ¿a quién?): expones  tu obra.

martes, 18 de junio de 2013

HESSE 114


La cita más inolvidable la leyó El Negro Antaño Amanuense (que ya sólo leía y pasaba entre los dedos las páginas del pasaporte español, huyendo, claro está, de fijar la vista en la fotografía de ese desconocido) en un libro de Šklovski, Tetivá: “Hubo poca gente en el cementerio bajo la lluvia y el frío, pero estuvieron aquellos que sintieron en lo más hondo de sí  mismos la tristeza y el pesar por el que se iba para siempre, aquellos que escriben y que saben lo difícil que es escribir bien.”
(Algo retocado… En fin.)

Una educación literaria.
(¿Además de las otras?)
Sí, existe el libro que el último punto final es como una daga que traspasa el corazón de quien lo escribe.
-¿Qué va a ser? –preguntó el mexicano en español.
Llevaba la luz de Cervantes en los ojos.
Contestó:
-Sopa de almejas, huevos revueltos, pollo espectral con fríjoles y cerveza de la marca “Carta blanca”.
Directo a la barranca después, pero siempre antes que los perros.
Yvonne: te ha descubierto perdido bajo el volcán, cerca del abismo, desahuciado, no ella, ella no (que víctima del corcel va directa a la “gloria literaria”).
-Hasta donde termina el arco iris.

Le rodeaban los lebreles de la muerte, el silente séquito de unos hombres-y-mujeres-máquina vestidos de blanco, de verde, de azul, serios e inútiles…
Y ella, que levitaba entre las cuerdas empapadas de jugos y excrecencias, la baba apestosa y química, sin rozarse con ninguna de ellas.

¿Qué clase de artista? Al que no le importa ser ciego: yo… toco, dijo Eva Hesse a la posteridad.
¿La posteridad?
La posteridad son los gusanos que horadan por dentro tu cadáver podrido y maloliente.
Adiós, miss Hesse.
Y después de la cena, a por otro cadáver certificado.

Tu muerte joven: he ahí tu redención, el perdón universal por la inmensidad de tu culpa, la tamaña ofensa de tu obra inhumana… ¿incomprensible?

Deja a Dios en la inmensidad de su vacío, pues a la artista nada le interesa su silencio egoísta. Lo que le aterroriza es el cruel silencio de su madre y el intolerable silencio de su padre muertos:
Ese pavoroso doble silencio es el que te condena a la nada cuando dejes de existir en la tierra.

Algo reverbera en tu cerebro herido de muerte, una voz del pasado, una imagen hasta ahora oculta… ¡una imagen del futuro! “Oh, si la mente ojos tuviera…”

Un instante previo a la muerte: ha llegado al punto más alto de la escala, al kether… La luz que le ciega… ¿para qué?
Y piensa, la vida es el viaje a la maravillosa muerte… ¡cuántas cosas tras ella espero!
Y muere.

¿Y si lo real es el alma?
El trasto del cuerpo era el lastre, la prisión.
Ve, ahora, y vuela imaginación.
¡Qué de visiones! ¡Qué de entretenimiento insensato!

Morir no duele. Había dicho. Y antes lo habían dicho otros muchos.
Se lo repetía una y mil veces.
Morir no duele. Muchos niños lo hacen. Y quedan en paz.

Y, sin embargo, ¿cómo no pensar que tanto da carne que metal? Sujetos al albur del desperfecto la máquina se detiene finalmente inmersa en una naturaleza que no da signos de asombro por tan curioso armazón de alma y cuerpo danzando por su corteza.

¿A qué maléfico destino obedece que sea en el futuro designio de ocupaciones raras y varias?
Pues… si han de saber de mí…

Bebo lo suficiente como para no perder la lucidez que me permita escribir algo parecido a The Sound and the Fury: dos vasos de bourbon en el almuerzo, otros dos a media tarde, un Martini antes de la cena, media botella de vino durante ella y un par de whiskies antes de meterme en la cama y entregarme al sueño reparador. (Y tal vez vez haya mojado los labios, sólo mojarlos, en algún vaso del clandestino licor de maíz del Mississippi que guardo en un bidón escondido en un lugar secreto de la casa.)

Búsquese la escritura su concha: gasterópodo, misántropo… lúcido en especial: “Trabajo de portero de noche: la quietud, el silencio, la soledad, la desesperación… han de estimular la creación. Un mazo de hojas amarillas, el haz de luz también amarilla contra el techo de madera de un coche invisible y apenas audible que cruza la calzada… Vuela la mano asida al bolígrafo de tinta azul en la hora amarilla, sin que el tiempo importe.”
Todo es mentira, una ilusión: el color rojo a la luz de la luna es negro, ningún punto de la esfera es el centro… o cualquiera de ellos lo es… Detrás de la puerta de la noche está la luz.
Sigue leyendo: días de gloria: una vez Einstein le preguntó a X… la hora mientras se dirigía al Johns’s College, en Cambridge. Tuvo que contestarle que no lo sabía. Enseguida, ambos sonrieron: por encima de sus cabezas la luz doraba las negras saetas que señalaban los números romanos de un gran reloj blanco (a su debida hora).

16 de junio de 1970.
Anduve para perderme.
Mil cosas hubieron de suceder en ese viaje al fin de la noche empezado en el torreón mirando al mar.
Ni busca su patria, ni busca a su padre, ni espera junto a la madre en el hogar.
Ahora no es hijo de nadie.
Un todo que desmiente todas y cada una de sus partes, una excrecencia holística que, sin embargo, sería de imposible existencia sin una sola de ellas.

(“Jamás hablo de literatura con nadie. Me fastidia hacerlo… Además, no sabría. No me gusta hablar de lo que escribo y nunca leo lo que escriben los otros por saberlo predecible, y hasta lamentablemente prescindible. En esto me parezco a…”)
Lo dijo El Negro: el invisible.

lunes, 10 de junio de 2013

HESSE 113


Vivo terriblemente asustada…”
Anot., 1969-R.Esman (a petición de):
 7/OBJECTS/69
Destruye lo femenino (¿Qué es lo femenino?).
Materia minimal (sic).
La idea: más allá de todo material, más allá de la jaula teórica, más allá del espejo.
-Te contradices –me dijo-. No asumes la distancia a la que debes hallarte de la obra que se basta a sí misma.
-Puedo hacerlo perfectamente… Soy huérfana.  

Esa obra… ¡como un trastorno nervioso!

Y de nuevo antes de cerrar los ojos y sobrevenga el sueño anegante como un agua sucia: un beckett pianista que buscara la más armoniosa de las cadencias entre dos líneas.

Gradualmente la luz iba debilitándose hasta convertir en grises las manchas doradas y decadentes de la tarde que desfallecía. Y de repente todo se agrisó, la luz se hizo gris, y se aposentó donde quiera que mirara, y los olores también grises se intensificaron hasta causarle vértigo, como si de un momento a otro fuera a nublársele la vista, y el olor de la hierba cenicienta que le rodeaba, el empalagoso aroma tan dulzón que emanaba del niño rubio y serio que a unos pocos metros de él le miraba sin pestañear
(-No has crecido.
  -Tú, tampoco.),
el extraño y arcádico olor a humo de leña cuya huella elevándose a un cielo gris pero más claro que los otros grises, platino, no pudo descubrir por más que escudriñara en lo alto, le hizo cerrar los ojos definitivamente, creerse muy lejos del mismo corazón de aquella ciudad donde todo parecía ser cruel y hostilidad, lejos de Central Park que nunca pudo enmascararse en un refugio, un bosque fantástico libre de la vigilancia y el cerramiento atosigante de las moles erectas que cercaban el paisaje verde y azul o dorado o gris con sus temibles y frías murallas de piedra y acero.
Era noviembre. Era como si le penetrara la carne un frío gris e inclemente, un aire de desasosiego que preludiaba la soledad y la noche.
Y entonces, el niño de oro (tan patente era en lo gris) se dio la vuelta, y empezó a alejarse de él con suma lentitud pero como si huyera de él y su perplejidad, y de cuando en cuando volvía la cabeza lentamente como si él, extranjero, solitario y fugitivo sentado en la hierba gris le diese lástima, y cada vez se acercaba más y más el niño hacia el lago gris y entonces ya no volvió la cabeza y continuó andando hasta que pareció que se disolvía en el aire gris por encima de las aguas de frío y gris metal.